Designer profile
Lujo con estilo europeo, en el corazón de Recoleta
Calidad, distinción, futuro. Tres palabras que resumen a una gran marca como Ménage à Trois, construída y constituída por Amelia Saban con un ojo puesto en Europa, el buen gusto y las buenas materias primas.
Desde hace 31 años que la propietaria de la boutique ubicada en Av. Alvear 1854 fue de menor a (muy) mayor vinculándose con la moda, sin seguir una línea en especial: “Venía de confeccionar ropa al por mayor, con 27 años, para casas como Harold´s, boutiques de Alvear, Zeta, etc. Hasta que no pude trabajar más en mi casa porque no era apto profesional y me alquilé una casa en Salguero y Libertador, que después fue mi primera boutique, la cual cerré hace tres años”, cuenta orgullosamente Amelia.

Su evolución fue constante y consciente que “hacer la ropa que hacemos hoy necesita de aprendizaje, porque es difícil. Al principio hice sport. Aprendí a hacer ropa; y creo que las claves fueron que empecé a comprar las telas afuera y aprendí de las modistas, que eran las que sabían cocer. Me llevó diez años desarrollarme en el lujo. ¿Por qué lo hice? Era joven, no tenía capital, tuve que empezar de a poco y así llegué a tener esta empresa. El mercado me enseñó y también mucho viaje a Europa. No se enhebrar una aguja, pero a través de comprar muestras y de viajar, aprendí a hacer la ropa”.

-¿Por qué sentís que las mujeres eligen Ménage?
-Me lijen porque creo que siempre me mantuve con pocos locales y si bien es una marca que no tiene mi nombre, sí tiene una persona visible. Hay una dueña, una persona con la que podés hablar. Además empezamos a hacer la ropa a medida porque es lo que se estilaba años atrás. Especialmente los vestidos de fiesta, un rubro que hoy manejan muchos diseñadores, y que nosotros ya lo dejamos un poco de lado porque llegó un momento que teníamos tantas clientas de tantos años que no podés hacer todo a medida. Nuestro business es vender camisas, sacos, pantalones, etc. Ahora la gente es más ágil y nosotros también.
En nuestro local hay ropa todo el año, todo el tiempo y la tendencia es paralela a la de Europa. Esa posibilidad la tengo gracias a que compro las telas al mismo tiempo que los diseñadores de afuera. Me corto sola. Hago mi historia hace muchos años. Es un riesgo, porque no sigo las tendencias locales. Si yo encargara un estudio de marketing, hoy me dirían que en Argentina la ropa no se vende, la gente se viste más informal, no gasta plata y vive acorde a la situación complicada del país. Si me quedo con eso tengo que cambiar de rubro. Y creo que en este nicho al que pertenezco siempre existe la gente que puede y necesita vestirse bien. Hay ciclos, temporadas que vendo más o menos de acuerdo a la vida social y situación del país, pero miro más lo que pasa en Europa, que luego baja. Podré darle a la colección un tono más informal para que la gente se sienta más libre pero no puedo salir de lo que represento.

Conservar no sólo el estilo
Consciente de que “la recesión pasó ya por las principales capitales del mundo, ahora llegó acá”, confía también que además de mantener una línea estética, conserva un equipo “histórico”, conformado por las personas que la acompañan desde sus inicios con la marca: “Tengo equipo de toda la vida porque me parece que es así, no tuve malos empleados”. También sus clientas son las de siempre: “Todas vuelven porque no creo que tenga competencia en lo que yo hago. Quizá hay algunas clientas que puedan vestirse con este estilo y con otra boutique, pero acá el estilo está marcado: es lujo, de muy buena calidad, es caro pero lo vale. Nosotros prestamos un servicio. Hay señoras que tienen 74 y parecen más jóvenes y se quieren vestir como siempre, a su manera”.

-¿Hay una edad para la marca?
- La edad es 55 para arriba. Aunque hay chicas de 40. Habrá de 35, quizás, pero mi ropa para esas chicas es solamente para la noche. Luego, están las que tienen de 45 para arriba, empresarias jóvenes que necesitan ropa para ir a trabajar. Después las de 50, 60, 65, porque tengo una colección amplia. Tengo armado el negocio con un concepto: un perchero te dice una edad, el otro te dice otra.
Contraté un diseñador hace dos años para tener un sentido rockero que a mí no me saldría. Me gustó la experiencia, pero pienso que lo divertido es ir cambiando de ayudantes cada dos años. Porque a un diseñador le gusta algo y su tercera colección será casi igual porque tiene el foco en eso. Y la tendencia en Europa, es que están cambiando mucho a los diseñadores. Los nuevos, aunque produzcan un suceso en ventas, no los tendrán más de tres años. Porque excepto que sean extremadamente creativos, sus ojos siempre apuntarán a un mensaje similar.
Por ejemplo, mi propuesta para el verano será más romántica que el look rockero que le pusimos a Valeria (Mazza) en la producción para Style. Mi búsqueda será con un diseñador joven que aporte a mi idea una visión más moderna. La gente quiere nuevo de lo mismo. Ir cambiando, tener algo más nuevo para estrenar una noche, pero no cambiar por completo su forma de vestir. Me parece que el aspecto comercial es seguir ofreciendo un producto que le sirva al que compra y a mí también. Sucede en el mundo: antes de lanzar una colecció los grandes diseñadores invierten millones en sus managers de negocios, gerentes de marketing, se hacen meettings con las vendedoras que son las que conocen el mercado realmente por el contacto con el público comprador. Se testea porque esas colecciones se reparten en cien negocios del mundo. Una colección se hace en equipo.

-¿Hay prendas fetiches en tu boutique?
-Tenemos un programa de trabajo que son los vestidos de coctel. Hay una ficha que dice vestidos cortos, largos; vestidos de encaje; camisas blancas. Tenemos ítems que cumplir para poner la ropa a la venta. Tenés que tener todo lo que el cliente quiere y acá hay mucha gente que se viste. Hay que saber lo que el cliente quiere encontrar. A esos ítems le tenés que agregar los vestidos de noche, para un coctel o un show, aunque ésta última ropa no necesariamente se vende.

La mujer Ménage
“Es una mujer que se quiere ver elegante, que no le preocupa el paso del tiempo y puede vestirse con el mismo estilo toda la vida, no recargada. Algunos dicen que es un estilo sofisticado, porque cuando te vestís con Ménage estás diferente, aunque tengas un pantalón negro o una camisa”, dice respecto a su marca Amelia Saban e inmediatamente referencia a Valeria Mazza, la musa de nuestro número aniversario: “Fue modelo mía hace tantos años. Pasa el tiempo y mantiene un estilo. No se dejó llevar por la moda. Atraviesa su edad manteniendo su pelo, estilo, su maquillaje, no se hizo moderna pero lo es; no se casa con la moda, se mira al espejo y se pone lo que le queda bien. Eso es lo que las mujeres logran acá”.

Otras referentes famosas de su marca son Andrea Frigerio “íntima amiga de la casa con la que sucede lo mismo que con Valeria, respecto a su estilo” y Araceli González: “Para mí es una gran satisfacción que siempre vuelvan porque sentís que no defraudás. Pasan los años y Andrea viene a las seis de la tarde para una fiesta a que es a las siete y encuentra un vestido para ella porque no estamos con la figura de mujer flaca de 20 años. Trabajamos con moldería. Queremos que la ropa se la puedan poner”.

-¿Tenés mujeres del mundo que eligen tu marca?
-Tengo muchas clientas brasileras. Nuestra mayor clientela es en la Semana del Polo, la única actividad importante internacional que nos trae turismo bueno al país, gente que luego se va a Punta del Este.