Interview
EL HOMBRE QUE INVITA A USAR EL CEREBRO A LOS ARGENTINOS
Su publicación es uno de los libros más vendidos del 2014. Sus charlas y entrevistas son oídas por miles de personas. Un fenómeno que crece, junto con el conocimiento y la curiosidad por las ciencias.
Es uno de los hombres del momento. Su nombre resuena en cualquier ámbito y entre personas de diferentes generaciones. Y no se dedica al showbussiness ni es mediático ni una celebity: es un neurólogo y científico.
Facundo Manes es responsable de que muchos argentinos quieran aprender a “Usar el cerebro”, en el medio de un boom de la información científica que se vive en el mundo y que cuenta con gran auge en nuetro país.
Junto a Mateo Niro, a través de Editorial Planeta, desarrollaron un verdadero bestseller que lo han convertido en uno de los hombres más escuchados de la actualidad. Su paso veraniego por Mar del Plata, para brindar charlas ante centenares de personas, lo comprobaron.
“No habla de mí lo que sucede sino de que la gente está interesada en el conocimiento, que hay un cambio en la sociedad que celebro porque ese es el camino para el país: la educación, hacer atractiva y más sexy a la ciencia”, dice, corriéndose del foco de atención. Y no duda en remarcar que “los países que se han desarrollado, no crecieron primero y luego como hobby hicieron ciencia, sino que se desarrollaron por la inversión y el apoyo a dicha área. En Argentina, la política de ciencia que ha tenido la Nación en estos años tiene que seguir y cruzar todos los ambientes del Ejecutivo. No tiene que estar restringido a un Ministerio”, afirma quien formó parte del equipo que operó a la presidente Cristina Fernández de Kirchner, tiempo atrás.

Esta necesidad de saber habla también de lo que ha sido la educación en el país en los últimos años: cada vez más deficitaria, con nuevos paradigmas necesarios pero que no se ven plasmados en la currícula.
Creo que Argentina tuvo una generación, mal o bien aunque algunos critiquen, que fue la de los ´80 que pensó un país a largo plazo. Hizo la escuela pública, gratuita, laica, que fue un cambio tremendo para el país. Había en una época 70% de analfabetos. Cincuenta años más tarde ya había 10% nada más. En una época tuvimos menos que España e Italia. Eso dio una clase medio intelectual de la que todos nos beneficiamos, aunque hoy no llegue esa clase media a reflejarse en lo económico. Eso es una reserva enorme que tiene nuestro país. Hay otras naciones del continente que crecen como Colombia con su macroeconomía, Chile o Perú, pero no tienen esa clase media intelectual de la que gozamos los argentinos. Tenemos que continuarla, cimentarla y reforzarla porque ese es el camino.

La ciencia siempre fue sobrevolada por el fantasma de los “difícil”. Sin embargo, con todos esos términos complejos, hoy la gente compra cada vez más libros tuyos y de colegas, y va a charlas vinculadas con la biología y la neurociencia.
Creo que hay dos cuestiones: primero que la neurociencia es un fenómeno a nivel global. Vas una semana a cualquier parte del mundo y ves en los diarios o la tv notas del cerebro. La neurociencia intenta responder las preguntas que desde siempre la civilización buscó encontrar: la inteligencia, la memoria, si tomamos decisiones nosotros, quién las toma, somos tan racionales. Antes era un conocimiento restringido a filósofos, a líderes religiosos o a científicos como Freud, aislados. Hoy hay miles de científicos con tecnología moderna, inversión de países.
Cuando regresé en 2001 a la Argentina, el escenario era el de la tecnología clásica con profesionales excelentes y el psicoanálisis. Pero no había una postura que analizara de manera científica la mente humana, en los procesos de toma de decisiones, etc. Primero en Fleni (Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia), luego en Ineco (Instituto de Neurología Cognitiva) y también en la Universidad Favaloro, desarrollamos mucha gente joven, una masa crítica donde investigamos en el país el cerebro humano científicamente. Los periodistas científicos han replicado estas cuestiones en sus publicaciones, aparecieron otros grupos y se creo un fenómeno local que se suma al global.

La información de antes nos hacía creer que las emociones no tenían nada que ver con la ciencia. Y en tu libro lo refutas.
Uno inconcientemente modula información. No hay que subestimar la primera impresión, las emociones. No podemos vivir para cada decisión que tomamos, analizando los pros y contras. Actuamos mucho más automáticamente y guiados por las emociones de lo que nos parece.

En “Usar el cerebro” afirmás que tener “buena onda, buena actitud” beneficia muchísimo al cerebro y al cuerpo. ¿Cómo se hace en un mundo donde cada vez la gente está más irascible, donde la mala onda es lo que prima?
El estrés, la ansiedad y la depresión, son las psicopatologías más frecuentes. Y las enfermedades del cerebro hoy son las principales causantes de discapacidad en el mundo. Más que el cáncer y que las enfermedades cardíacas. El estrés es un fenómeno normal. Genera cambios corporales ante situaciones que realmente acontecen o que quizás uno simplemente se imagina. Eso es ansiedad y uno a veces detecta peligros donde no los hay, y se vuelve patológico, interfiriendo en nuestra calidad de vida. El estrés crónico –que no es normal- genera depresión y ansiedad.

Por eso está bueno aprender a usar el cerebro para uno mismo intentar controlarse en estas cuestiones y no salir corriendo hacia un médico.
Es la idea del libro. Conociendo algo lo usás mejor. Lo que dijimos nosotros es “vamos a contarle a la sociedad lo que sabemos y lo que no”. No damos muchos consejos. En general contamos cómo funcionan las emociones, los procesos mentales, cómo el cerebro crea lo que pensamos. Y el lector en forma interactiva agarra esa información y la puede usar.

¿Qué es lo que más te consulta la gente, lo que mayor curiosidad genera?
El tema de los olvidos: cuándo es normal y cuándo no.
¿Sólo en la tercera edad o también los jóvenes?
También los jóvenes. Ahora todo el mundo está corriendo. Otra cosa que preguntan es el impacto de la tecnología en el cerebro. No es bueno. Es una gran herramienta que hay que usar con cuidado. Muchas veces nos conecta con mucha gente que ni conocemos pero nos desconecta de quienes tenemos al lado.
La multitarea disminuye el rendimiento cognitivo. Kafka antes se sentaba y en cinco horas escribía un cuento, concentrado. Imaginátelo ahora, con el celular sonándole, la computadora con todas las redes sociales y pop ups que surgen, etc. No podría.
Los chicos tienen que volver a aburrirse, a ser introspectivos, a imaginarse. Si están conectados todo el día no lo pueden hacer.

¿Se vendrá un segundo volumen?
Mucha gente me lo pide, porque las ventas fueron extraordinarias y el tema da para más. Sigo escribiendo en los diarios nacionales al respecto. Pero no quiero hacerlo ahora. Este libro tuvo una maduración adecuada y todas las cosas que yo hago intento que tengan el tiempo que necesitan y merecen. Así que el próximo libro va a venir bastante maduro, no va a ser inmediato. Pero sí estoy pensando en hacer un ensayo sobre el cerebro de los argentinos. Qué nos pasa que a veces no aprovechamos todo el capital que tenemos. Me interesa investigar si tenemos un cerebro colectivo que nos pueda definir. No sé si será libro, pero un ensayo corto seguramente.





En busca del prócer perdido

Manes se ha convertido es una voz respetada y escuchada. Por eso no extraña que los ofrecimientos políticos estén constantemente rondándolo.
Sin embargo, afirma que este 2015, más allá de las conferencias, continuará con su labor como rector de la Universidad Favaloro “lo cual para mí es un honor ayudar a continuar el legado de uno de los argentinos más importantes del siglo XX. Soy presidente de la fundación Ineco, dirijo el laboratorio, veo pacientes; tengo una actividad de investigación muy intensa pero además como argentino estoy comprometido en discutir lo que considero será nuestro futuro como país: una Nación basada en el conocimiento, en la educación, que nos dé la capacidad de crear y nos lleve a los primeros puestos mundiales de economía, ciencia, tecnología, educación. Creo que tenemos todo para hacerlo y quiero contribuir para que así sea”, desliza y aclara: “No necesariamente lo tengo que hacer desde la política, sino también desde las invitaciones que generosamente recibo en todo el país en charlas, estimulando y difundiendo esta idea que me gusta: una Argentina republicana, basada en la innovación, el crecimiento, la igualdad. Me encanta ayudar a pensar desde mi humilde lugar, en un país mejor para todos”.

Ya que hablamos de política, en Argentina ¿los políticos usan el cerebro o más el marketing?
(Sonríe). Creo que necesitamos más próceres en Argentina. Políticos hay muchos, bueno y no tanto. Pero necesitamos gente que no piense tanto en sí misma y en su narcisismo, que no sean proyectos personales sino colectivos. Hubo próceres en la historia como Favaloro, que generó una Universidad que perdura más allá de su muerte. Tenemos que empezar a pensar más allá de nuestra vida biológica.

Pareciera que los próceres fueran algo del pasado…
No. Tenemos que volver a tenerlos. Por eso cuando me preguntan si voy a hacer política, depende. Creo que hago política al hablar de estas cuestiones. Una candidatura sólo la pensaría si hay una causa, un proyecto, no sólo algo personal.

Hay propuestas…
Pero nunca lo aceptaría como algo para mí. Tiene que haber una causa a la que pueda ayudar. Las causas son más importantes que las personas. Muchas veces tenemos proyectos biográficos, necesitamos proyectos políticos.